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Otronia Block I nace en uno de los lugares más australes donde puede existir una vid: el paralelo 45°33’, una frontera natural entre el mundo conocido y la Patagonia extrema.
El viñedo vive entre suelos pobres, vientos constantes y noches heladas.
Aquí no hay margen para el error: solo sobreviven las plantas más fuertes, y de ellas vienen los racimos que definen este vino.
Este Pinot Noir proviene del Bloque 1 de la Chacra 22, una parcela que se distingue por su expresión floral, sus notas herbales especiadas y la fruta roja tensa y nítida de la región.
La uva se cosecha en marzo, en pequeñas cajas, y se fermenta en hormigón usando 50% de racimo entero, lo que aporta tensión, verticalidad y un carácter aromático único.
La fermentación maloláctica sucede en fudres de roble francés sin tostar, donde el vino descansa entre 18 y 20 meses.
No se busca influencia de la madera, sino precisión, pureza y respeto absoluto por el origen.
El resultado es un Pinot Noir que no copia ningún estilo: es la Patagonia hablando a través del vino.
VISTA: Revela un rubí delicado, luminoso, con reflejos violáceos que hablan de juventud y pureza.
NARIZ: Aparece un Pinot Noir de carácter: frambuesas frescas, cerezas crujientes, trufa, flores silvestres y una mezcla de hierbas patagónicas (orégano, tomillo) que lo hacen único. Es un perfume que no viene solo de la fruta, sino del viento, del frío y de la tierra extrema donde nace.
BOCA: Sorprende por su estructura delicada y persistente. Los taninos son sedosos, finísimos, pero están ahí, marcando un ritmo elegante. La acidez vibrante (esa firma del clima austral) impulsa el vino y le da una energía deliciosa. Cada sorbo deja un final largo, fresco, complejo, con un eco mineral que recuerda a la Patagonia en estado puro.
MAGRET DE PATO: El pato es un compañero histórico del Pinot Noir. En este caso, la versión patagónica de Otronia lleva el maridaje a otro nivel: la frambuesa y cereza del vino realzan el dulzor natural del pato, los taninos sedosos envuelven la fibra de la carne y la acidez fría del sur equilibra la grasa del magret. El resultado es un maridaje redondo, profundo y absolutamente seductor.
RAVIOLI DE BACALAO: La delicadeza del bacalao y la acidez tensa del vino se abrazan con total armonía. La mineralidad del Pinot Noir realza la parte salina del plato.
SALMÓN: La acidez vibrante del vino limpia el paladar, la fruta roja fresca aporta contraste y la herbácea patagónica acompaña el sabor natural del pescado sin dominarlo. Es uno de esos maridajes donde todo encaja y fluye con elegancia.
PATA DE PULPO: La textura crujiente y el sabor profundo del pulpo encuentran en este vino una frescura que equilibra y prolonga el bocado.
PARRILLADA DE VERDURAS: El tostado suave de las verduras combina con la fruta fresca y la nota herbácea del vino. Uno de los mejores maridajes para un Pinot patagónico.
TATAKI DE TERNERA: Un corte delicado, jugoso y tierno que se ajusta perfectamente a los taninos finos del vino. La fruta roja realza el tostado del tataki.