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El Camaleón nace en un territorio tan bello como indómito: las laderas imposibles de la Axarquía, donde los viñedos se aferran a la montaña entre 700 y 1.000 metros de altitud, sobre suelos de pizarra y filitas negras que reflejan luz y retienen el calor.
La uva Romé —la única variedad tinta autóctona de Málaga, casi en peligro de desaparecer— crece aquí dispersa en pequeñas parcelas, a veces entrelazada con Moscatel para favorecer la polinización. Es una uva caprichosa, difícil, cambiante… por eso la llaman “camaleónica”.
La vendimia es una odisea:
se hace a mano, en pequeñas cajas que las mulas bajan por las veredas escarpadas. Cada racimo se repasa en la propia viña, se corta con cuidado, se coloca en caja sin apretar. Los racimos más compactos se dejan en la cepa para obtener una maduración más lenta y elegante.
Ya en bodega, el vino fermenta en tina de madera ligeramente tostada, que respeta el carácter delicado de la Romé. La fermentación es espontánea, sin aditivos, acompañando el paso de las semanas como si se escuchara respirar al vino. Después realiza su maloláctica en la misma tina y descansa 10 meses sobre sus lías, afinándose, integrándose, encontrando su verdadera voz.
El resultado es un tinto que no solo habla de la Axarquía… la canta.
VISTA: Color rubí claro, brillante, casi etéreo, con ese matiz luminoso tan típico de la Romé.
NARIZ: Aparece un perfume que sorprende: frambuesas frescas, fresas silvestres, flores del monte malagueño, toque de hierbas y una mineralidad fina que recuerda a la pizarra negra y al sol de la Axarquía.
BOCA: En boca es pura identidad: ligero pero intenso, fresco pero con carácter, un vino que avanza con elegancia y deja una estela de fruta roja, hierbas aromáticas y un final salino, vertical y muy personal.
Un tinto inusual, vibrante, emocional, que no busca parecerse a nadie.
Un vino con alma propia.
TATAKI DE TERNERA: La fruta roja fresca y las hierbas aromáticas del vino iluminan el tostado del tataki. Frescura + delicadeza = armonía total.
RAVIOLI DE BACALAO: El vino abraza la textura suave del bacalao sin imponerse. La salinidad del plato resalta la mineralidad de la Romé.
SALMÓN: La acidez del vino corta la grasa del salmón y su ligereza acompaña sin aplastar. Maridaje elegante y sorprendente.
PARRILLADA DE VERDURAS: Los aromas herbales y la frescura del vino combinan naturalmente con el dulzor tostado de las verduras asadas.
MOLLEJAS: El toque crocante de la molleja pide frescura y finura. La Romé limpia, acompaña y realza sin invadir.